El fomento de la lectura en la primera infancia.

 

Cada bebé es único en sus gustos y preferencias y por tanto cada bebé lector (o prelector) lo es igualmente. No existen fórmulas mágicas  para fomentar la lectura, pero si existen algunas premisas de las que podemos partir para luego ir adaptándonos a nuestr@ pequeñ@.

Si tuviera que seleccionar una de estas premisas como principal o fundamental, sin lugar a dudas sería, no hacer de la lectura una obligación. Más adelante, el sistema educativo se encargará de ello y puede que si no ayudamos a nuestr@s niñ@s a evitarlo, esto provoque una huida de los libros irremediable. La lectura es una oportunidad para expandir nuestra mente y nuestro mundo, un placer, que efectivamente nos reporta muchos beneficios, en el caso de l@s niñ@s también muchos beneficios escolares y curriculares. Pero si intentamos que los niños comiencen a leer por imposición y con la finalidad exclusiva de mejorar su rendimiento académico, nos perderemos todo lo demás y probablemente también este beneficio, porque no lo harán con la actitud ni la frecuencia deseada. Entonces cómo les introducimos en la lectura. El hecho de leerle a un bebé, sobre nuestro regazo, acompañando la lectura de sonrisas y de un sinfín de apoyos gestuales, interpretativos, etc., hará que asocie los libros con una experiencia positiva, no sólo en lo que a su estimulación cognitiva y sensorial se refiere, si no en el plano emocional, que es el que con más potencia fija las experiencias en nuestra psique. Por tanto este es el principio de  todo.  Cuando hablamos de niñ@s tan pequeños, los cuentos les son leídos, así que debemos hacer un esfuerzo porque estas lecturas no sean monótonas, sino activas y participativas. Podemos elegir el momento más adecuado fijándonos en las preferencias y los estados de ánimo de nuestro bebé. Puede que el mejor momento sea el baño, el momento previo a dormir, mientras come….esto dependerá de cada niñ@, pero lo que es importante es encontrar un momento y convertirlo en una rutina. El bebé se irá acostumbrando a esta chuchería cognitiva y emocional y con el tiempo la demandará. Las primeras historias no tienen por qué ser cuentos, pero a medida que los vayamos introduciendo es importante que el libro físico esté presente, para que se asocie la oralidad y la propia historia con el libro.  Si utilizamos libros pequeños con tapas duras y esquinas redondeadas, favoreceremos que el niñ@ interaccione con él. Del  mismo modo los libros con grandes ilustraciones, con texturas o sonidos, también favorecen la participación activa del niñ@. Más adelante será el propio niñ@ quien pida cuentos más complejos y en torno a los dos años será capaz de comprender y disfrutar con historias cada vez más complejas.  Si estas historias se relacionan con objetos o situaciones cotidianas, o si tienen que ver con sentimientos y emociones que todos reconocemos, seguramente su efecto motivador será mayor.

Y por último la última gran premisa para fomentar la lectura en l@s más pequeñ@s. Dale la oportunidad de tener cuentos a mano, lee delante de él, enséñale lo que disfrutas con tus lecturas y hazle partícipe, los aprendizajes más duraderos en estas edades se producen por imitación y…la lectura es contagiosa!

Edurne Simón Calvo.

Psicóloga.

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